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Exposición 50 años con el arte de Luis Arias vera

Enero 7, 2010 por ALETzu Multimedios

Imagen de ALETzu Multimedios
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Exposición de pintura de Luis Arias Vera por su 50 aniversario como artista.

Se podrá visitar hasta el 18 de enero de 2010 (Inaugurada el 18 de diciembre de 2009)

Galería de la Fundación Alianza Hispánica, San Pedro 22, Madrid.

LUIS ARIAS VERA:

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Nota periodistica diario la vanguardia

DEL MITO AL RITO (Y VICEVERSA)

¡Cuánto tiempo dura mi viaje, y qué largo es mi camino!
Salí en la carroza del primer albor, y caminé a través de los desiertos de los mundos, dejando mi rastro por las estrellas infinitas. La ruta más larga es la que sale más pronto a ti y la más complicada enseñanza no lleva sino a la perfecta sencillez de una melodía.

El viajero tiene que llamar, una tras otra, a todas las puertas extrañas para llegar a la suya; ha de vagar por todos los mundos de afuera, si quiere llegar al fin a su santuario interior.

Mis ojos erraron por todos los confines antes de que yo los cerrara diciendo: “Aquí estás”.

Y el grito y la pregunta: “¡Ay!, ¿dónde?”, se derriten en las lágrimas de mil raudales y ahogan el mundo con el desbordamiento de su “¡Yo soy!”.

R. Tagore



La obra de Arias Vera es una fiesta visual que se hace extensiva a todos nuestros sentidos. Nos transporta desde los mates burilados a los tejidos paracas, las cerámicas y los frisos moche-chimú, los totems, los quipus y aún los vitrales que presumiblemente captó en su infancia en las innumerables iglesias coloniales de nuestro país. ¿Qué es lo que guarda nuestra memoria y cómo lo que hemos observado se transforma en signos, símbolos, mitos y ritos y viceversa? Las dunas y sus vaivenes, los guarangos y sus raíces, las aves y sus alas y las olas con su perenne movimiento se entrelazan en la obra de este hacedor trashumante ya sea plenas de colorido, ya sea en monocromías suavemente dispuestas.

Las hondas motivaciones que él creía cognitivas cuando opinaba: “la generación actual está luchando por derrumbar los mitos y lograr una pintura que esté acorde con las nuevas tendencias de objetivación del arte, despojándolo de toda subjetividad y sentimentalismo”1 han resultado con el depurar del tiempo, profundamente emocionales y enraizadas en lo más hondo de su genética precolombina. Su memoria va más allá de lo visual y atrapa con su maestría el ritmo de la música, el movimiento de las danzas, el sabor y los olores de nuestra tierra.

Con la tecnología actual podríamos hacer un viaje virtual por los 50 AÑOS de su incansable quehacer artístico. Este hacedor procedente de la tierra de nuestros ancestros, los Muchick, demuestra una vitalidad y dedicación que sólo la tienen los privilegiados que aman lo que hacen y que no esperan con ansia a dejar su labor para descansar, ya que lo que ven salir desde sus conexiones mentales es la razón de su vivir. De las manos y el cerebro de Arias Vera seguirán brotando imágenes coloridas a pesar de todos los inconvenientes que la vida suele brindar. En este viaje al ayer contemplaríamos sus primeras obras, en las que predomina el desierto norteño, esos arenales añorados por donde seguramente paseaba en busca de chaquiras, las raíces de los viejos árboles que adornan aún la entrada de su amado pueblo, los arrozales con sus verdes y dorados ondeando como mar de esperanza en un tiempo en el cual el norte peruano sobresalía como primer productor del preciado cereal en el mundo. La obra de Arias Vera es un documento de cómo la circunstancia y el devenir de la vida influye directamente en la producción de cualquier ser humano más aún del artista plástico que es y debe ser el catalizador y el reflejo de lo que pasa en su tiempo2.

Podría clasificarse por épocas la obra de este artista multidisciplinar, según los sitios que le ha tocado vivir. Prefiero contemplar su producción por técnicas o materiales y reflexionar en cómo ha logrado un lenguaje congruente, sugerente y personal. Es un artista moderno en medio del posmodernismo y contemporáneo en medio de su búsqueda en la herencia tradicional de lo precolombino y de aquellas manifestaciones que subsisten a pesar del tiempo y el espacio. No se entendería de otra manera como un pintor viajero descubre, lejos de su entorno, las iconografías, los movimientos e inclusive la música que le permite transmitir su preocupación acerca de la situación del hombre en el cosmos. Todo en su arte es una búsqueda de la armonía con las fuerzas telúricas que nos permiten seguir conectados a lo bello y a lo bueno. Es un canto de esperanza, es un redescubrir la energía que nos entrelaza a todos los seres que habitamos este planeta, es un hermoso himno a la hermandad entre todos, pero sobre todo un recordatorio de que si el hombre no cuida su mundo todo lo que ama desaparecerá de él. En su obra observamos como tejidos a los hombres con las aves, las plantas y las estrellas. A veces con un barroquismo muy particular que no es otra cosa que un singular miedo al vacío o una demostración de hiperactividad, inquietante particularidad de los hacedores que no les permite descansar, otras con composiciones suspendidas transmitiendo una sensación de ingravidez como si de repente Arias Vera fuese hermano de las aves y contemplara todo desde arriba. Movimiento y ritmo  marcan sus obras con ondulaciones y elaboraciones abiertas que nos sugieren las danzas de nuestros pueblos y los vaivenes de la naturaleza.

Todo mito necesita un rito para recordarlo, para revivirlo, para reinventarlo. Arias Vera recoge de las vivencias, creencias, signos y señales de nuestros pueblos para dar un giro a su propio arte, convirtiendo lo ritual en mitológico (y viceversa). Recicla el ayer convirtiendo los objetos del pasado en creaciones actuales. De repente sus obras son tejidos, huacos, totems, líneas, danzas. El hacedor ha encontrado la fuente de su inspiración y de este modo los más antiguos misterios de los incas, de los paracas y de los muchick, salen de sus dedos en forma de grabados, pinturas, esculturas y murales. No importa el material: lo que importa es el sentido y el mensaje que marca su infinita ambición: hacer un arte universal que tenga sentido para todos. No es un neoindigenismo a ultranza, no es un pop-op andino desmesurado y fastuoso como mencionan Acha y Traba3, no es una abstracción personal y muchas veces lúdica. No. Arias Vera en sus 50 AÑOS ha encontrado su lenguaje particular y personal, formando parte, además, de una resistencia ante el facilismo y la pereza que predomina en nuestros tiempos. Este joven que salió de su pueblo, San pedro de Lloc del norte del Perú, para convertirse en médico, sabiendo que lo suyo era el arte, se ha transformado en una especie de chaman del color y de la forma, transmitiendo a la sociedad un mensaje sensible: que la belleza todavía existe, que la creatividad consiste en reinventarse cada día produciendo sin cesar, que su didáctica hacia los que continuarán es ser un posmoderno de sus ancestros y por supuesto, de sí mismo.


Mª del Socorro MoraC de Asmat
Comisaria de la exposición

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1 Arias Vera, Luis “Danzas, Mitos, ritos, visiones, señales” Catálogo de exposición, Galería de Artes Visuales, Lima, 2008, p.3

2 El Maestro Luis Arias Vera ha formado parte de varios grupos a lo largo de su historia plástica (grupos “Señal “ y “Arte Nuevo”, por ejemplo) y es él mismo un aglutinador de artistas en su entorno.

3 TRABA, Marta, Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas, 1950-1970, Siglo Veintiuno Editores, Buenos aires, 2005, p.164.

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